Porqué vacunar a nuestros hijos

Porqué vacunar a nuestros hijos

Porqué vacunar a nuestros hijos

 

Cuando el cuerpo recibe la visita de gérmenes, nuestro sistema inmuitario los detecta y clasifica como “amenaza”, designándose con el nombre de antígenos. El cuerpo libera la sustancia correcta para combatirlo y que nuestra salud no se vea más afectada.

Las vacunas contienen anígenos, debilitados o muertos, que hacen que el sistema inmunitario del niño desarrolle los anticuerpos correctos para combatirla pero sin que se presenten síntomas de ella. Estos anticuerpos ayudarán si el niño vuelve a exponerse a la enfermedad y sabrá combatirla de una forma más rápida y eficaz. Los padres normalmente tenemos miedo de las vacunas por su seguridad, pero debemos saber que la protección que estas dan a nuestros hijos supera con creces los riesgos de que algo salga mal y la vacuna ocasione algún problema.

Los efectos secundarios no son habituales pero algunos como la fiebre, la sensibilidad al tacto o un abultamiento en la zona en la que se ha puesto la vacuna son los más comunes. El sistema de vacunación del niño nos lo dictará el pediatra, y nos dará una cartilla para que podamos saber y llevar un control de cuáles tiene y cuáles aún deben ser puestas. La mayoría de los niños comienzan a recibir vacunas a partir de los dos meses. Es muy importante que si el pediatra nos aconseja aplicar refuerzos de las vacunas lo hagamos, porque muchos padres no lo creen necesario pero hay ciertos refuerzos que son necesarios.

Los niños que tienen algún tipo de enfermedad o que están bajo algún tratamiento pueden no ser firmes candidatos a obtener una vacuna, ya que su sistema inmune puede estar demasiado debilitado como para hacer frente a la vacuna. Si nuestro hijo ha sufrido una reacción severa a otra vacuna, puede que nuestro médico nos plantee otra alternativa o, incluso, no vacunarle.

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